Sé lo que es perderte. Y sé que se puede volver.

Sobre mí

No soy una mujer que aprendió sobre el amor solamente estudiándolo.

Soy una mujer que ha tenido que aprenderlo viviéndolo.
Durante años di más de lo que recibía, cuidé, sostuve y prioricé a los demás antes que a mí. Y fue a través de distintas experiencias de mi vida como fui comprendiendo algo que hoy forma parte esencial de mi manera de acompañar:
amar no debería significar dejar de ser tú.
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Todo empezó mucho antes de que yo pudiera ponerle palabras

La maternidad fue uno de mis primeros grandes aprendizajes.

Con mi primer hijo me di cuenta de algo que me impactó profundamente: no sabía abrazarle.
No estaba acostumbrada a las demostraciones de cariño. En mi infancia, ni mi madre ni mi padre me habían abrazado ni me habían dicho “te quiero”. Yo había aprendido a querer de otra manera: cuidando, haciendo, estando… pero sin expresar físicamente ni poner en palabras lo que sentía.
Descubrirlo a través de mi hijo fue un antes y un después.
Aprendí a abrazar. A decir “te quiero”. A mostrar el cariño que sentía.
Y descubrí algo que después se convertiría en una parte muy importante de mi camino: muchas veces no sabemos relacionarnos de otra manera porque nadie nos enseñó a hacerlo.
Pero podemos aprender.
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Después llegaron experiencias que me obligaron a mirarme de frente

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Volver a ser yo

Hubo un momento en mi vida en el que tuve que aprender a posicionarme, tomar decisiones y defender aquello que necesitaba, aunque hacerlo significara atravesar momentos difíciles.

Y después viví una relación con un hombre narcisista que marcó profundamente mi vida.
Me machacó hasta llevarme a un lugar en el que mi autoestima prácticamente había desaparecido.
Llegé al pozo más profundo y oscuro: sin amor hacia mí misma, perdida, sin reconocerme.
Pero ocurrió algo que nunca olvidaré.
En medio de aquel lugar apareció en mí una certeza: podía salir de allí.
No sabía todavía cómo. Pero entendí que tenía que decidir salir y empezar a actuar para volver a ser yo.
Y descubrí algo que cambió para siempre mi manera de entender las relaciones:
en aquella relación no estaba siendo yo.
Empecé a recuperar quién era, a reconstruirme y a descubrir que no solo podía volver a ser la mujer que era antes. Podía llegar a ser incluso mejor que antes de aquella relación.
Ese momento fue uno de los grandes puntos de inflexión de mi vida.
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Y entonces mi cuerpo también habló

Después llegó el cáncer.
No como metáfora. Como realidad brutal, incómoda y definitiva.
Fue una experiencia que me obligó a parar de una forma que nada anterior había conseguido. A escuchar lo que llevaba años ignorando. A tomar conciencia de que el cuerpo habla cuando nosotras llevamos demasiado tiempo sin escucharnos.
No fue un proceso bonito ni inspirador. Fue duro, incierto y, al mismo tiempo, profundamente revelador.
Porque en medio de esa fragilidad descubrí algo que no esperaba: que todavía había partes de mí que no me había permitido mirar. Partes que el ritmo acelerado de la vida cotidiana había tapado durante años.
Y fue durante ese proceso cuando la naturaleza entró en mi vida de otra forma.
El bosque dejó de ser simplemente un lugar al que ir.
Se convirtió en un espacio donde podía respirar, estar presente, escuchar mi cuerpo, bajar el ruido y volver a conectar conmigo.
Descubrí en primera persona el poder que puede tener la naturaleza cuando estamos atravesando un proceso de transformación.
Y esa experiencia terminó convirtiéndose también en una parte esencial de mi manera de acompañar.

De todo ese camino nació Mujer Zénith

No nació de una teoría.
Nació de todo lo que he vivido, de lo que he aprendido, de mi formación y de los años acompañando a otras mujeres.
Hoy acompaño a mujeres de más de 40 años que desean amar sin volver a perderse dentro de una relación.
Mujeres que han dado mucho. Que han sostenido mucho. Que quizá han llegado a un punto en el que saben que algo tiene que cambiar, aunque todavía no sepan exactamente cómo.
Y sigo creyendo que la transformación no consiste en convertirte en otra persona.
Consiste en volver a reconocer quién eres y aprender a relacionarte desde ahí.

Lo que estos años han construido

Algunos números que cuentan lo que las palabras a veces no alcanzan:
♦ 33 años de autoconocimiento y transformación personal — y siguiendo en ello
♦ 17 años acompañando a mujeres en su camino de regreso a sí mismas
♦ Más de 2.000 personas acompañadas
♦ Más de 1.500 constelaciones familiares realizadas
♦ Más de 700 mujeres en Círculos de Mujeres durante cinco años
♦ 17 años conduciendo retiros en la naturaleza
Y fuera del trabajo individual:
He dado charlas en el Día Internacional de la Mujer, colaborado con organismos oficiales en talleres antiestrés y desarrollado un programa de Terapia de Bosque con el centro de salud de mi zona para reducir la ansiedad.
No como actividad puntual. Como parte de una convicción: que este trabajo tiene un impacto real, medible y necesario.

Eso es lo que quiero acompañarte a hacer

No quiero enseñarte a encontrar el amor.
Quiero acompañarte a dejar de perderte dentro de él.
Trabajo desde la emoción, el cuerpo y la naturaleza porque la transformación no ocurre solamente cuando entendemos algo con la cabeza. También ocurre cuando podemos sentirlo, experimentarlo y empezar a vivir de otra manera.
No prometo fórmulas rápidas.
No romantizo el proceso.
Pero sí sé algo:
se puede volver a ti.
Yo lo he vivido.
Y quizá ahora sea tu momento.

Mi formación

El acompañamiento que ofrezco nace de mi experiencia vivida y se sostiene en años de formación especializada:

Relaciones y transformación emocional

Coach de relaciones

Consteladora familiar — más de 1.500 constelaciones realizadas
Creadora de las Lecturas del Alma

Naturaleza y cuerpo

Experta en intervenciones de Terapia de Bosque

Guía certificada de Baños de Bosque

Energía y mundo femenino

Educadora menstrual certificada — Universidad de Barcelona

Moon Mother Nivel 3 — Miranda Grey
Profesora de Qigong de la mujer
Respiración ovárica — Saajeva Hurtado
Tao de la Mujer — Renú Li
I Ching Dao — Juan Li y otros maestros
Reiki
Y siempre en formación continua. Porque creo profundamente en lo que acompaño, y eso significa seguir creciendo.